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El dolor crónico es una de las causas más frecuentes de consulta médica y, sin embargo, también una de las más incomprendidas. No se trata solo de una molestia física: el dolor es una señal compleja que nuestro cuerpo utiliza para alertarnos de que algo no funciona como debería. Puede aparecer de forma puntual o cronificarse en el tiempo, afectar a nuestra calidad de vida y condicionar nuestro bienestar físico y emocional.
En este artículo te ayudamos a comprender qué es el dolor, por qué se produce y cuáles son los distintos tipos que existen. Entender su origen y su función es el primer paso para abordarlo de forma adecuada y encontrar el tratamiento más eficaz en cada caso. Porque no todos los dolores son iguales, ni requieren la misma solución.
Según el máximo organismo a nivel internacional para el estudio del dolor, la International Associaton for the Study of Pain ( IASP) desde 2017, la comunidad científica distingue entre dos tipos de dolor:
Es el dolor que se experimenta tras un daño tisular real. Ejemplo, una fractura de la Tibia, que puede observarse con facilidad en una radiografía simple.
Surge de la función alterada de las vías sensoriales relacionadas con el dolor en la periferia y en el Sistema Nervioso Central causando sensibilidad aumentada ante estímulos no dolorosos. Suele ir acompañado de síntomas concomitantes como suelen ser la fatiga, las náuseas, sensibilidad química, síntomas gastrointestinales, niebla mental…y su duración supera los tres meses. A nivel estructural no hay ningún daño que justifique este dolor persistente.
Hasta aquí todo claro pero realmente, ¿qué es el daño en el cuerpo? ¿Cómo es posible experimentar dolor si no hay daño en el cuerpo?
Aceptamos que dolor y daño son la misma cosa y donde está uno está el otro. El daño ocurre cuando nos quemamos, nos cortamos, o nos enfrentamos a una infección. Hay una muerte celular brusca. Los cadáveres de esas células muertas generan unas sustancias llamadas DAMPS que son captadas por los Nociceptores que elaboran un informe de que algo en el cuerpo se ha dañado y lo mandan directamente al cerebro (Nocicepción). Este proceso se realiza de manera automática y es totalmente diferente al dolor.
Cuando este informe de daño llega al cerebro, éste evalúa qué es lo que hay que hacer. Activará respuestas de protección como es la inflamación, la contractura, o sensibilizará a los nociceptores para que manden información constantemente y activará la alarma del dolor. Pero entonces, ¿dónde está el dolor? La neurociencia actual ha demostrado que el dolor reside en el llamado Cuerpo Virtual una región del cerebro donde está mapeado todo nuestro cuerpo físico. Por lo tanto el cuerpo no experimenta dolor, el dolor es una activación de una serie de neuronas en el cerebro y es una sensación que experimentamos en nuestra consciencia.
Para que nuestro cuerpo funcione correctamente necesita estar en Homeostasis, esto es un equilibrio en el funcionamiento de todos sus órganos. Pero cuando nuestro equilibrio, nuestra Homeostasis se ve alterada, automáticamente entramos en un estado de supervivencia llamado Alostasis. Este Estado Alostático nos permite mantener un equilibrio cuando estamos en una situación de alerta -estrés. Los mecanismos alostáticos incluyen la inflamación, la contractura, la sensibilización.
Los tiempos en los que los tejidos se reparan están estudiados y son:
Por lo tanto el cuerpo siempre se cura tardando como máximo seis meses o un año. A medida que el proceso de curación avanza el cerebro disminuirá el confinamiento Alostático (inflamación, contractura, sensibilización).
Es muy importante entender que estas respuestas Alostáticas pueden quedarse activadas o activarse incluso cuando nunca hubo un daño. Si el cerebro percibe una amenaza para alguna parte del cuerpo, desencadenará estas respuestas defensivas, incluso dolor, para proteger esa parte corporal. Estas respuestas pueden ser totalmente innecesarias ya que muchas veces puede que no esté ocurriendo nada en el tejido y es fundamental que comprendamos que tener dolor persistente, inflamación, contractura, no quiere decir que algo le esté ocurriendo a nuestro cuerpo.
Numerosos estudios en personas de diferentes edades han demostrado que personas que no experimentan dolor en la espalda presentan en imágenes de resonancia magnética nuclear artrosis, hernias discales, abombamientos discales, protrusiones, pinzamientos, espondilolistesis…
Estudios similares se han llevado en rodillas, caderas o pies, observando en todos los casos diferencias en los tejidos de personas asintomáticas.
Abordemos ahora el tema de las lesiones mal curadas o de las operaciones fallidas. A menudo asociamos el dolor persistente con la idea de que una zona corporal se lesiona constantemente o que una operación quedó con secuelas, sin embargo nuestro cuerpo se regenera continuamente , por lo tanto no existen operaciones mal hechas o lesiones mal curadas, un tejido siempre se regenera bien sea con tejido originario o con tejidos cicatricial.
Que exista dolor crónico, inflamación, sensibilidad, contractura en una zona que fue lesionada en el pasado u operada no significa que se haya vuelto a lesionar ni que la operación haya quedado mal. Es solo nuestro cerebro ejecutando programas defensivos para proteger una zona corporal en base a experiencias pasadas o creencias acerca de nuestra salud, hablamos aquí de dolor Nociplástico (el que se experimenta en Fibromialgia, Sensibilidad Central, Artrosis, Hernias discales que duelen más de 6 meses y otras condiciones de dolor crónico).
El antiguo modelo cartesiano de seiscientos años de antigüedad, queda en la actualidad desbancado por la neurociencia. Está demostrado que el cuerpo no experimenta dolor, el dolor es una sensación, un constructo cerebral para proteger un daño real o potencial.
A raíz de la crisis provocada por los opiáceos en Estados Unidos surgieron numerosos estudios en las principales universidades del país para investigar que es el dolor y que lo produce.
Uno de los numerosos estudios acerca del dolor liderado por el mundialmente famoso neurocientífico Tor Wager, en la Universidad de Colorado (EEUU), determinó que el dolor es causado por la interpretación que el cerebro haga de las señales que el cuerpo le envíe.
Es importante diferenciar que dolor y daño son cosas distintas. Podemos experimentar dolor en presencia de daño y en ausencia de este.
Si el cerebro determina que para nuestra supervivencia es necesario no experimentar dolor, incluso en el caso de que se haya producido un daño tisular puede no activarlo.
En definitiva nuestro cerebro está encargado de asegurar nuestra supervivencia y activará, cuando lo evalúe necesario, programas defensivos para garantizarla basados en nuestro modelo interno (creencias y experiencias) dando como resultado en ocasiones la experiencia del dolor crónico o persistente.
Gracias a la plasticidad neuronal podemos neuromodular y cambiar el modelo interno para eliminarlo.
Es precisamente lo que hacemos en Clínica Marín Lara con el método Neuro Balance para el dolor crónico.
Fisioterapeuta - Clínica Marín Lara
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